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¿Soltar o tener el control?

¿Te has sentido alguna vez en plena conexión con todo lo que te rodea y con esa sensación de  inmensa alegría que te recorre todo el cuerpo? Es un placer sentirse de esa manera, son esas veces que nos encontramos libres de nuestro pasado, abiertos a todo lo que llega, en paz y agradecidos.

Ese es nuestro estado natural del ser, ese es el estado donde nos sentimos unidos a todo lo que es, eso es inspiración y todo lo que creamos nos sorprende agradablemente.

Tú tienes acceso a ese estado cuando sueltas tus preocupaciones y dejas de llenarte de ansiedad por el futuro que aun no llega, o por un pasado que ya pasó.

Siempre que hacemos planes nuestra mente se vuelve muy traviesa, ella se entretiene repitiéndonos una y otra vez aquello que debemos hacer, aquello que deberíamos haber hecho y no cesa de decirnos una y otra vez lo que estamos haciendo mal o tal vez bien, con toda clase de razonamientos, escusas, preocupaciones, análisis, acusaciones etc.  Nuestra mente nos atormenta al intentar llevar a cabo nuestros planes, tratando de controlar minuciosamente todo  para que nuestra intención se materialice exactamente  igual a aquello que nos  hemos imaginado.

A veces pasamos largas horas y días planificando algo, y por supuesto no confiamos en que si  tan solo  soltáramos, el resultado sería el mejor posible para nosotros.

No es necesario este desgaste emocional, pero creemos que si no nos hacemos cargo de cada uno de los detalles, las cosas no se solucionan por sí mismas o nadie se va a ocupar de nuestros asuntos, creemos que somos los únicos que podemos tomar las riendas, entonces nos llenamos de estrés, de mal humor, impaciencia y frustración.

Queremos que todo marche acorde con lo planeado para así sentirnos seguros que tenemos el control. El caso es que nunca tenemos el control, no controlamos absolutamente nada, el control no es más que una ilusión.  Lo puedes observar en ti mismo cuando no puedes controlar tu propio cuerpo, tu respiración, los latidos de tu corazón, la circulación de tu sangre, la digestión etc.,  todo esto funciona con su propia inteligencia sin tu intervención,  lo quieras o no. Tampoco puedes controlar tu mente, apenas eres consciente de una ínfima parte de lo que tus sentidos perciben; tu memoria te traiciona, tu conducta y tus emociones muchas veces parecen tener voluntad propia, los pensamientos te obsesionan.

Pero mantenemos la ilusión que tenemos el control y además pretendemos controlar también a otros y a las circunstancias.

No controlamos nada.

¿Te has preguntado qué sucedería si sueltas el control?  Es probable que tengas miedo,… lo que te pido ahora, en este momento es que comiences a soltar y empieces a confiar.

Está bien que tengas  una meta, un deseo, una intencionalidad, y que muevas tus energías hacia un objetivo, que planifiques pero aunque parezca contradictorio, en un momento dado tienes que soltar y confiar.   Una vez creado el impulso deja que siga su camino.

Cuando siembras una semilla, eso es lo que haces, confías, te pones a un lado y  dejas que el sol, la tierra con sus nutrientes  y la lluvia hagan su trabajo, no interfieres,  sabes que ya hiciste tu parte , esperas  y la ves crecer. Tienes la certeza de que así opera la naturaleza

En esencia somos  iguales, cuando te desentiendes de los resultados después de haber enfocado tu intención en un objetivo, ya le distes vida, ya lo impulsaste y el universo se encarga del resto. Siempre el fruto final es el resultado de tu estado mental.

Cuando tratas de controlar los resultados, le estas enviando un mensaje opuesto al universo, le estas indicando que no confías, que dudas acerca de las posibilidades de alcanzar tus metas, y como ya sabes, siempre la vida te da la razón.

Al ir reduciendo tus expectativas la recompensa es una mayor cantidad de milagros, porque la fe y la confianza representan el ángulo en que colocas el arco al disparar tu flecha, y al ponerte a un lado, dejas que tu fuerza creadora se materialice sin la necesidad de tu intervención. La confianza es el ingrediente que da la certeza que tu elección ya está sucediendo en este mismo instante. Si intervienes le estas quitando fuerza.

Cuando te conectas con tu estado puro del ser, te colocas en el presente y por lo tanto  dejas de enfocarte en el resultado, este deja de tener importancia, ya no dudas,  creas y disfrutas del proceso con alegría, sin apegos, creando y co-creando, admirando  y regocijándote con todas tus creaciones.

Cuando te desapegas de las expectativas, ya no te limitas y aquello que surja siempre será lo perfecto para ti.

Si tratas de controlar tus creaciones, ellas estarán impregnadas por tus miedos e inseguridades y eso exactamente es lo que vas a obtener. No hay como creer en tu poder, entonces cuando esto sucede te conectas con todo, te conectas con la vida.

Para lograrlo, tienes que confiar y soltar. La vida es una danza  continua entre tú y tus creaciones, si bailas con ella libremente, todo fluirá con armonía.  Suelta y confía.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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La mejor decisión

Muchas veces le restamos importancia a las decisiones que tomamos y no tenemos la menor idea que estas pueden hacer que nuestra vida tome un enfoque del cual luego nos arrepintamos.

Las decisiones le dan sentido y  dirección a nuestra vida, sin ellas no tendríamos  ni rumbo ni propósito, cada una de ellas van esculpiendo nuestra realidad y nuestra experiencia.

Constantemente  estamos decidiendo queramos o no  acerca de nuestras necesidades básicas y acerca de circunstancias significativas o no para nuestra vida. No podemos vivir sin tomar decisiones.

Todo lo que nos ocurre es nuestra responsabilidad y si hay algo que podemos cambiar se trata de tomar las decisiones adecuadas.

A veces tomar decisiones nos asusta y creemos que si no las tomamos o dejamos a otro que decida por nosotros, estamos sacándonos un peso de encima y nos resulta incluso mas cómodo delegar, pero hasta esta acción u omisión es una decisión y lo que estamos intentando es evadirnos de la responsabilidad que conlleva, y esto es también una ilusión. No hay manera de evitar ser responsables por todo lo que nos ocurre. Podemos creer que no lo somos y echarles la culpa a otros, sentirnos víctimas de las circunstancias,  podemos creer que son coincidencias o mala suerte, pero todo lo que sucede viene de las decisiones conscientes o inconscientes que tomamos.

Entonces para conocer nuestro poder tenemos que responsabilizarnos por todo lo que decidimos y  admitir para nuestros adentros que muchas veces nos hemos equivocado. Nunca sabemos lo que es correcto para nosotros. Solo actuamos guiados por nuestras creencias y expectativas.

Somos responsables por enfermarnos, deprimirnos, lastimarnos o ser lastimados, disfrutar de nuestros logros, alegrarnos etc. Nadie nos puede ni entristecer ni hacernos daño. Podemos decidir invitar a otros a hacerlo o hacérnoslo nosotros mismos pero todas han sido nuestras decisiones.

Casi todas las decisiones las tomamos a  un nivel subconsciente y andamos en automático y dormidos pero igual debemos responsabilizarnos. A veces nos sentimos aturdidos cuando creemos que tenemos muchas decisiones que tomar pero es porque no sabemos o no queremos soltar.

La única sabia decisión que podemos tomar no es delegar en otro, no es creer que lo sabemos todo, no es buscar en nuestro historial o en nuestras experiencias pasadas, es humildemente preguntarnos aceptando que no sabemos nada y dejándonos guiar por aquella parte que hay en cada uno de nosotros  donde se encuentran todas las respuestas.

La única decisión valiente que tomamos es aquella en la cual reconocemos que no sabemos nada y prestamos atención. Soltar es la mejor decisión. Soltar no es no hacerme responsable, es simplemente reconocer que no tengo todas las respuestas y escuchar dentro de mí, prestar atención, esperar y permitir sin la premura de tener que decidir.

Es confiar que todo lo que necesito está en mi interior.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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Había una vez……

Un día desperté y me encontré dentro de una historia que ya  hace mucho  tiempo había comenzado, entonces como un juego de niños comencé rápidamente a aprender las reglas para jugarlo.

Básicamente tenía que aprenderlo todo y ponerme al día, además no podía recordar nada anterior a él, por lo tanto me sentía muy pequeñita, frágil, y algo perdida.

Estaba  muy interesada en aprender a jugarlo lo más rápido posible y me esforcé en hacerlo lo mejor que creía. Pero este juego me desconcertaba y me sentía muy frustrada, las reglas no se aplicaban correctamente y la recompensa tardaba en llegar. Creía que era cuestión de tamaño y que cuando creciera lo entendería.

A este juego algunos lo llaman vida, para mí era tan solo un juego más, pero no lograba recordar el  porque  lo tenía que jugar. Tampoco me podía rendir ni sabía cómo  me podía retirar. Le buscaba el sentido pero no lo encontraba.

Así fue como poco a poco me adapté a él. Presentía que había atajos para ganar la partida, y supe que aunque no pusiera de mi parte, nunca perdería, pero el juego me llevaba a un callejón sin salida.

También supe que había una vía rápida, llena de premios, y que el tiempo que tardara en encontrarlo era importante. El camino estaba lleno de pistas, pero también había  muchas trampas que me desviaban, y si yo le ponía toda mi atención, tal vez podría evitar confundirme. El secreto era escuchar a mi voz interior, pero casi siempre los obstáculos me distraían.

Con el tiempo aprendí que todo lo que veía, todo lo que oía y todo lo que sentía, hablaban solamente de mí, me decían exactamente todo lo que yo creía, y que siendo un reflejo, por allí no iba a encontrar la salida. Si buscaba quien me diera una pista, encontraba lo mismo que yo ya sabía. Cuando preguntaba quién era y para qué jugaba este juego, encontraba en todas partes la misma ignorancia, entonces comprendí que las respuestas no las iba a encontrar buscando allá afuera porque todas ellas no eran más que el eco de mi propia voz.

Me seguía obsesionando encontrar la razón de para qué  jugaba este juego y cómo  hacer para ganar la partida.

Entonces comencé a buscar las claves dentro de mí .Encontré un lugar oscuro y lleno de escombros, allí había mucha basura, era un laberinto sin salida. Para mi sorpresa  descubrí que  me estorbaba todo lo que yo creía, todo lo que aprendí y todo lo que siempre pensé se había convertido en una  gran muralla de concreto que me bloqueaba el paso. Trate de tomar información de allí pero descubrí que nada servía, estaba  por todos lados repleto de conocimientos pero no de sabiduría. Me sentí muy frustrada porque ya no sabía adónde ir, lo había probado todo sin  obtener respuestas, y mientras mas insistía, mayores parecían ser los obstáculos.

Al final me rendí, me dije que tal vez buscaba en el lugar equivocado o tal vez algún detalle se me había escapado. Terminé sentada a un lado de la acera con las piernas encogidas y decidí dejar de insistir. Me relaje y me quede observando tranquilamente los dedos de mi pie cuando una voz me  susurro al oído y dijo : “CUANDO SUELTAS ES CUANDO SUCEDEN LOS MILAGROS”.

Entonces todo se me aclaró, encontré que las respuestas a mis preguntas estaban en el lugar donde no existen los recuerdos y que el juego era una creación mía, al igual que las reglas también las había puesto yo, y que mi poder era tan grande que las podía volver a cambiar.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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