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Descubre ¿por qué haces lo que haces?

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Cuando no estamos conformes con nuestra vida, nos podemos pregntar ¿Por qué hacemos lo que hacemos? y ¿Qué es lo que nos motiva? .

Para responder a estas preguntas, primero es necesario que comprendas que no viniste al mundo para ser infeliz. No estás siendo tú mismo cuando no te sientes bien, cuando sufres. Si sufres es porque mantienes creencias que no están en armonía con quién realmente eres y el sufrimiento es el sistema de alarma innato que tiene tu ser para indicarte que es necesario hacer un cambio, una transformación.

Muchas veces hacemos cosas que no quisiéramos hacer y luego nos arrepentimos o no comprendemos la razón de nuestras acciones. Por ejemplo: mantenernos en un trabajo que nos hace infeliz o en una relación que no funciona.

A veces no emprendemos acciones por temor al fracaso, por temor al rechazo, por temor a la soledad, por temor a esto y a aquello. En fin, una gran cantidad de vagos temores que ni siquiera somos conscientes y no nos tomamos el tiempo ni la dedicación de observarlos a ver si son racionales o no.

Tomamos decisiones automáticas como si fuésemos robots mecánicos y ni siquiera estamos lo suficientemente despiertos como para saber qué es lo que nos motiva. Ya nuestras decisiones son tan inconscientes que forman parte de nuestra programación mental.

Hay momentos que pareciera que nos faltara la motivación para hacer lo que deseamos, lo que nos apasiona, o lo que nos daría mayores alegrías y en vez de eso, seguimos irreflexivamente haciendo lo que nos disgusta y lo que nos trae sufrimiento.

Esto no se debe a una falta de motivación, no, todo lo que hacemos lo hacemos porque estamos motivados; incluso cuando hacemos lo que en el fondo, no quisiéramos hacer. Nunca estamos desmotivados. Lo que tenemos que hacer es descubrir que es lo que nos motiva a hacer lo que no queremos. La falta de motivación no existe, es imposible. Todas nuestras acciones siguen a un motivo, todo lo hacemos por alguna razón, consciente o inconsciente.

Nuestras motivaciones están unidas y enlazadas a nuestro sistema de creencias, a las definiciones y a las etiquetas que le ponemos a todo.

No hay manera de no estar motivados a algo. Incluso cuando estamos deprimidos y aparentamos no tener motivación alguna, cuando no tenemos ganas de nada, cuando preferimos permanecer encerrados en nosotros mismos, esa actitud también es impulsada por una motivación, la motivación es permanecer así.

La manera cómo nos movemos en el mundo, la manera como nos comportamos está inexorablemente, y totalmente conectada a lo que es nuestra verdad en un momento dado y por eso tomamos las decisiones que tomamos. Nunca nos encontramos desmotivados, ni por un segundo.

Tu no necesitas que nadie te motive, porque ya lo estás, lo que necesitas es entender en dónde estás colocando tu motivación, qué es lo que te motiva a hacer lo que haces y descubrirlo. Esa es la clave. Esa es la manera de transformar tu programación inconsciente.

Todo lo que hacemos, absolutamente todo, se reduce a estas dos poderosas razones, estas son nuestras motivaciones básicas:

NOS MOVERNOS EN LA DIRECCIÓN QUE CREEMOS QUE ES LA MÁS BENEFICIOSA PARA NOSOTROS O NOS ALEJARNOS DE LO QUE CREEMOS QUE ES LO MÁS DOLOROSO.

Eso es lo único que nos mueve. Y lo hacemos todo el tiempo automáticamente sin ni siquiera pensar, sin darnos cuenta. Todo el tiempo vamos en la dirección de lo que creemos que es lo mejor para nosotros, o en la dirección contraria, huyendo de lo que creemos que es lo peor y nos hace daño-. Buscamos el placer y el bienestar y huimos del dolor y el sufrimiento. No existe nada más que nos motive.

Lo que nos hace decidir si algo es beneficioso o es negativo para nosotros son nuestras creencias; y las creencias se comportan de una manera muy peculiar. Ellas nos hacen creer que no hay otra mejor opción. Que eso que creemos es lo único posible, no existen mejores posibilidades. Las creencias se comportan de esta manera de modo que tú serías incapaz de dudar de ellas, cuidando así su permanencia y su supervivencia. Por eso rara vez las miramos para validar su información.

Ahora, volviendo a nuestra pregunta inicial ¿por qué hacemos lo que hacemos? Podríamos también preguntarnos ¿por qué seguimos atados a situaciones que nos producen penas o en las cuales nos sentimos infelices?. ¿Porque no hacemos aquello que más nos gusta? ¿Porque no vamos tras lo que es más beneficioso, en vez de quedarnos aprisionados en situaciones que nos traen sufrimiento? ¿Por qué seguimos atados? Hay una sola razón: La razón es que cuando tú te mantienes ligado a algo que no te sirve, algo que es negativo para ti, es porque debes tener otra creencia primaria, más fuerte e inconsciente que te dice y te hace creer que esa es la mejor opción. Tu trabajo es descubrirla.

Si nos mantenemos en una situación de dolor y no la cambiamos, es porque tenemos una creencia de que cualquier otra elección, cualquier otra alternativa sería peor y más dolorosa. En otras palabras, este es el mal menor.

Muchas veces son creencias absurdas pero como no estamos conscientes de ellas, simplemente seguimos allí estancados y le tememos al cambio, evitando mirar dentro de nosotros. Es así como las creencias ejercen su poder de auto perpetuarse. No quieren que descubras su inutilidad porque si lo haces, ellas morirían.

Si estamos en una relación de pareja que nos trae sufrimiento y no tomamos la decisión de abandonarla, es porque hay una creencia más poderosa, probablemente inconsciente, que nos hace creer que si estuviésemos solos sería mucho peor. En cambio si la creencia que tenemos acerca de abandonar la relación es menos penosa que mantenernos en ella, entonces la motivación sería abandonar dicha relación.

No hay excepción, tu siempre escogerás lo que creas que es más placentero y huirás de aquello que creas que es más doloroso. Eso no quiere decir que no vayas a escoger situaciones difíciles y dolorosas pero si lo haces se debe a que siempre crees que esa es la mejor opción entre las alternativas disponibles. Se debe a que tienes una fuerte convicción que lo que escoges es lo mejor para ti.

Si estamos deprimidos también es el producto de una motivación. Lo que nos motiva a permanecer así, es que creemos que no hay mejor elección dadas las circunstancias que estamos atravesando en un momento dado.

Siempre que estés en una situación negativa y le temas al cambio, indaga cuales son las creencias que sustentan tal situación, qué es lo que te motiva.. Es posible que al traer a la luz las razones que te motivan a estar de cierta manera, aparezcan las creencias dominantes que te mantiene atado a una situación de dolor. Esa es la manera de hacer que esas creencias se evaporen o se disuelvan. Las creencias tienen la particularidad de permanecer inconscientes porque si las descubres, pierden su fuerza y las abandonas.

Lamentablemente no hacemos cambios por muy mal que nos sintamos, porque no indagamos en profundidad dentro de nosotros. Si lo hiciéramos nos daríamos cuenta que la premisa que manteníamos y a la cual nos aferrábamos, no tenía fundamento, era falsa o ya había perdido validez. Cuando miramos y cuestionamos, las creencias pierden su rigidez y es entonces cuando surge la transformación. Esa es nuestra meta, y es el propósito de este escrito, mirar dentro de nosotros.

Continuando con la historia del ejemplo anterior, la persona que se mantenía en una relación dónde la pareja la maltrataba, no se atrevía a abandonarla por temor a la soledad. Indagando, primero descubrió que tenía una creencia relacionada al fracaso: si se quedaba sin pareja era una fracasada, porque eso fue lo que escuchaba de pequeña. Esto una vez que se hizo consciente, de por sí, le pareció absurdo. Luego continuando con su inspección, se dio cuenta que se sentía con muy poca valía y su temor era que si abandonaba la relación, nunca nadie la iba a querer.

Al examinar todas sus creencias en profundidad, la persona en cuestión, descubrió que era ella misma quién no se valoraba debido a viejas experiencias de la niñez. Al tener la situación más clara y al comenzar a auto valorarse, sintió una tranquilidad que nunca antes tuvo para dar los pasos necesarios en pos de su propio crecimiento y evolución.

Como en el ejemplo anterior, lo importante es descubrir cuál es tu motivación, y cuáles son tus creencias restrictivas que ya no te sirven, y te mantienen atado a una situación de dolor. Al hacerlas conscientes trayéndolas a la luz, verás cómo tan solo esto te permite liberarte de aquello que te coartaba y te impedía ser tú mismo.

Pregúntate siempre ¿por qué realmente crees que otra posibilidad sería peor? ¿ por qué haces lo que haces que te mantiene desalineado de quien tu eres?; hazlo hasta que la respuesta se haga consciente.-

Si te resulta difícil indagar de esta manera; hazte la siguiente pregunta ¿Qué es lo peor que me podría ocurrir si lo que hago, lo hago de otra manera?. Deja que vengan todas las respuestas… Tu meta debe ser que la creencia inconsciente se vuelve consciente, entonces es muy fácil que esa antigua creencia se desvanezca.

Hazlo, prueba y permítete decirle “Adiós” a tus antiguas creencias que te impedían ser quién realmente viniste a ser en este mundo.

Te amo.

Jocelyne Ramniceanu

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Soltando los miedos y cambiando de frecuencia

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Querido amigo, en este corto escrito no pretendo profundizar en el vasto tema de los miedos pero si procuro traer un poco de luz en cuanto a nuestra constante actitud de mantenernos a la defensiva o reaccionando y cómo parar de hacerlo. Cuando estamos a la defensiva es porque lo que sentimos internamente es miedo. Cuando reaccionamos es porque nos sentimos amenazados.

Te invito a hacer un pequeño ejercicio de observación, y quiero que te detengas un instante y le prestes atención a todas las acciones que realizas en un día cualquiera. Tómate unos segundos…

Y mientras observas, te pido que te fijes en cuáles son las motivaciones que te impulsan a tomar la mayoría de las acciones que emprendes en un solo día. Ahora bien, si observas con cautela, notarás que muchas de las acciones que realizas tienen su raíz o su motivación dominante en la autoprotección, el temor, la inseguridad y el miedo.

Revisa también, cuantas acciones del día las realizas impulsado por la pasión, el entusiasmo y el amor.

¿Cuál de ellas predomina en tu día?.

¿Cuánto tiempo y que cantidad de energía gastas en la planificación y ejecución de acciones para tu supervivencia y para auto-protegerte? Y ¿En dónde colocas más tu atención?…, ¿en la posible amenaza a tu bienestar o en el disfrute de tu vida?.

Puedes pensar que es parte del instinto cuidarte, protegerte y ocuparte de tu supervivencia, y está bien que así sea cuando existe una amenaza real, pero ¿qué es una amenaza real? .¿Sabías que tú eres el creador tu realidad por medio de tus creencias y definiciones?¿Sabes que si vives atemorizado, tú estás creando una realidad atemorizante? Nosotros en nuestra mente, anticipamos situaciones imaginándolas incluso con detalles y esa sola acción acelera su manifestación.

Cualquier acción que emprendamos con miedo tiene menor posibilidad de ser efectiva y mayor probabilidad de ser negativa y atemorizante para nosotros.

Estamos llenos de temores, y no nos damos cuenta que el origen de ellos son nuestras creencias y que si cambiamos las creencia, entonces nuestra experiencia, nuestra vida cambia, nos volvemos más confiados y obtenemos mejores resultados.

La divinidad en ti es la que crea, lo que dices, haces y piensas es el marco donde se estructura tu realidad. Tu realidad es el producto de lo que sientes con mayor intensidad.

No es el afuera lo que nos produce el miedo, el afuera es solo el efecto, la causa son nuestras creencias, los juicios que emitimos. El afuera es la materialización de ellos.

Realizamos acciones con miedo a enfermarnos, nos preocupamos por la vejez y sufrimos de miedo por lo que les suceda a nuestros hijos y familia, tememos ser atacados, asaltados, y robados, le tememos a la carencia y a las privaciones. Luego hay otros temores menos relacionados con la supervivencia, pero que de igual manera nos mantienen reaccionando y defendiéndonos, tales como el miedo a perder el control, a hacer el ridículo o a no ser aceptados o amados, miedo al fracaso e incluso miedo al éxito, etc. Lo que ocurre es que toda esta serie de temores activan nuestros futuros potenciales.

Todo miedo es la reacción a una creencia que para nosotros es real, y se traduce en una forma de vida donde nos encontramos reaccionando, peleando, huyendo, oponiéndonos, luchando, mortificándonos continuamente ante lo que creemos que es cierto. Nos hace percibir la realidad como una constante amenaza. Y así se convierte nuestra experiencia cotidiana. Nuestro día común está lleno de preocupaciones.

En realidad tenemos un programa mental automático basado en el temor y por supuesto este se proyecta y lo vemos reflejado como una constante amenaza a nuestro bienestar. Ese programa está formado por una red de creencias fuertemente entrelazadas entre sí que se retroalimentan unas a otras por medio de nuestros circuitos neuronales y llega a ser tan fuerte que nos mantiene adictos a él. Ese programa lo llaman Ego.

No es el Ego positivo y necesario cuyo mecanismo es ayudarnos a mantenernos enfocados en esta realidad. No, el Ego negativo no se limita solo a eso, que es su verdadero rol. El ego negativo es aquella porción particular de nosotros mismos que se fue creando otorgándosele un poder excesivo mientras nuestro lado consciente y alerta permanece dormido. Esa parte de nuestra consciencia, toma prácticamente la totalidad de las riendas en nuestra vida, pensando, analizando, creando filtros y limitaciones.

Todas tus creencias son las creencias que se retroalimentan en esa parte de tu consciencia, que intenta protegerte excesivamente limitando enormemente tu libertad a experimentar. Tenemos que lograr que esa parte de nosotros cambie su enfoque desde una visión limitada a una más amplia.

Enséñale a esa parte de ti que puedes expandirte sin que ella se sienta tan a menudo amenazada, habla con tus partes internas, habla con tu niño interior. Un niño no se convierte en un adulto con los años, sino por el miedo aprendido; el niño confiado es nuestra verdadera naturaleza.

El miedo es una vibración baja que se apodera de tus pensamientos, domina tus emociones y tus sentidos. El miedo a enfermarte es una de las principales causas de las enfermedades, el miedo a la escasez causa y profundiza la escasez. El sentimiento del miedo es tu verdadera amenaza, úsalo para transformarlo.

Reconoce que existen muchas razones por las cuales tú creas el miedo, y entre ellas a veces puede ser también porque tú así lo permites inconscientemente, para sentir excitación en tu vida. Pueden haber razones inconscientes motivadas en salir de la monotonía y el aburrimiento, y sentir en tu cuerpo la activación de la adrenalina que te permita sentirte vivo. Buscas de cierta manera el drama cuando tu vida se torna vacía y gris por la carencia de propósito, de pasión, de entusiasmo, de alegría y de amor.
El temor acentúa todas nuestras alarmas, y el temor más grande que tenemos y evitamos es mirar dentro de uno mismo. Si lo hacemos podríamos descubrir que casi todos nuestros temores los podemos deshacer si tan solo dejáramos de alimentarlos y los integramos aceptándolos, observándolos y agradeciéndolos como los mensajeros que son de que estamos desalineados y alejados de la pasión, del entusiasmo y el amor…
El miedo es una nota discordante que te avisa que tienes una creencia que te mantiene desalineado de quien realmente eres. Una analogía sería algo similar a como si tu tocaras una melodía con un instrumento cualquiera y de repente una de las notas suena desafinada, se sale de tono. Tú no saldrías corriendo o huyendo debido a esa desentonación, intentarías nuevamente afinarla hasta que realices una melodía armónica. De eso se trata, cambia las creencias que te desentonan y crean una realidad desagradable por una más acorde con quien quieres ser.

¿Qué es lo que tienes que entonar? La creencia es la que está desentonada, sustitúyela por aquella que te traiga paz.

No veas al miedo como tu enemigo ya que él es el mensajero que viene a mostrarte que mantienes creencias que te restan potencial, que te quitan la paz y que están desalineadas con respecto a quién viniste a ser. Úsalas como el mensajero que son para descubrir y limpiar las distorsiones en tu sistema de creencias.

No le temas al miedo, diviértete con él y úsalo para lo que te está mostrando. Dile gracias miedo, gracias por llamar mi atención y mostrarme algo que ahora puedo cambiar.

No hay manera de sentir miedo o temor sin una creencia que la sustente. Esa sensación tan desagradable en la boca del estómago llamada ansiedad, se dispara al instante cuando se activa la creencia y esto nos impulsa a reaccionar. Revisa tus creencias, la mayoría son absurdas e inútiles. Si logras deshacerte de las creencias que te atemorizan, no experimentarás más miedo ya que tu realidad será otra, pero primero tienes que proceder a mitigar o eliminar la creencia que la origina antes de que la realidad cambie. Al cambiar la causa, el efecto también lo hace.

Si no te sientes seguro acerca de que creencia origina tus miedos, pregúntate: ¿Que debo de estar creyendo que es cierto, para sentirme asustado o de esta manera? El miedo usualmente te trae una porción de ti que tal vez no has querido mirar ni reconocer. Una vez que lo haces, la mayoría de los temores comienzan a desaparecer. Lo que tienes que hacer es encarar el miedo y reconocer que si lo tienes aun es porque decidiste recibir el mensaje de una manera temerosa.

Toma completa responsabilidad sobre tus creaciones que te atemorizan sabiendo que solo tú tienes el poder de transformarlas.

Cuando disuelves el miedo, la amenaza que tu creaste también se disuelve mágicamente porque el miedo ya cumplió su cometido y tú lo transformaste. Vivir sin miedo es una elección que refleja coherencia en tu sistema de creencias. El miedo es sinónimo de control; el amor es libertad total. El miedo, la duda, las preocupaciones, el temor, son manifestaciones de tu resistencia al Dios que habita en ti.

Menos juicios, y da más las gracias a todo; menos miedo, y siente más amor.

Para conectar con nuestra divinidad tenemos que abrazar nuestros miedos y preocupaciones; y al aceptar cada aspecto nuestro, podemos expandirnos y encontrar plenitud.

Comienza a operar tu vida desde el “modo confianza” y a brindar servicio. Al cultivar el amor incondicional, la luz de nuestra conciencia comienza a brillar y las oscuridades de nuestros miedos comienzan a desvanecerse. También enfoca tu consciencia en aquello que más te gusta hacer, puede que entres en una realidad paralela donde esos peligros anteriores que estabas creando ya no existan.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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Del temor al amor

He  sentido miedo, y a veces esta sensación ha sido vaga e imprecisa pero sumamente incomoda y desagradable. Comienza con una sensación en la boca del estómago, o tal vez más arriba, en la parte alta del tórax. Es una molestia y me doy cuenta que es ansiedad. Pero allí está y comienzo a observarla. Tomé la decisión de conocer el proceso y cambiarlo.

Esto me ocurrió hace un par de días y me dije a mi misma, vamos Jocelyne, aplica lo que enseñas, al fin y al cabo, lo que enseñas es para ti, lo que escribes es tu propio aprendizaje.

Todo esto ocurrió con un disparador, un pensamiento, una situación y comenzó a un nivel mente-cuerpo con efectos fisiológicos. Me dejé llevar hasta alcanzar creencias antiguas, unas entrelazadas con otras que hasta ese momento no eran del todo conscientes.

Noté que indagando en la sensación que me atemorizaba y permitiendo sentirla plenamente, vivirla y dejarla ser, al rato surgió una nueva emoción que al principio no parecía estar allí o no era evidente; era una sensación que se fue transformando en tristeza, en ganas de llorar y desesperanza y al permitir correr las lágrimas… el miedo fue desapareciendo completamente. Surgió una especie de alivio, era un sentimiento de aceptación.

Fue en ese mismo instante, que  una voz apareció para mi sorpresa. Salía de mi interior y me dijo dulcemente mientras me pasaba su cálida mano imaginaria por los hombros, “Todo va a estar bien, todo ya está bien, nunca fue de otra manera, te dejastes atrapar por tu mente y sus creencias pero nada de esto es real, es algo que te has imaginado, no existe nada que te pueda dañar aunque creas en ello” y luego me calmé y sentí paz. Respiré profundamente aliviada.

Los miedos vienen de películas que nos hacemos y estas películas surgen de creencias que tenemos que no desearíamos por nada del mundo que se vuelvan realidad. Surgen de imágenes que tememos y deseamos evitar. Todo esto nos sucede sin nuestro consentimiento; ni siquiera estamos conscientes de qué es lo que lo dispara ni del proceso en el que nos vemos inmersos. Tampoco sabemos cuál es la raíz de estas creencias  pero  lo vivimos como una posibilidad muy real y el temor se apodera de nosotros.

Para vencer nuestros miedos y transformarlos tenemos que:

1) Sentirlos completamente, aceptarlos y permitirlos.

2) Preguntarnos ¿Que debo de estar creyendo para sentir este miedo? ¿Que sucedería si ocurriera realmente? ¿Que me sucedería a mí si mi creencia fuera real? ¿Que pensamientos sustituirían estas creencias? (Puedes escribirlas si se te hace más fácil).

3) Contacta tu creencia, mírala y aprópiate de ella, respira profundo. Siente como tu creastes tu creencia o te apropiastes de ella. Es tuya.

4) Al conocer tu creencia más profunda, la puedes cambiar, la sueltas, la dejas ir y le envías amor. Vuelve a respirar profundamente y siente el amor. Agradece la oportunidad de que se ha manifestado para poder deshacerla y dile  Gracias, Te Amo- Procede a permitir que sea sustituida por pensamientos de amor. Reconoce que solo es una creencia, no es verdadera, es una ilusión, que tú la has creado y ya no crees más en ella.

El miedo se evapora rápidamente.

Los pensamientos de temor aparecen cuando nos alejamos de vivir en el presente; esto no lo podemos evitar porque nuestra mente es muy saltarina. Pero podemos observarnos y observar el proceso, esto nos permite estar más en el ahora.

Tenemos que permitimos vivir el proceso de nuestros temores, ansiedades y miedos para descubrir las creencias que yacen ocultas y hacerlas nuestras poniéndolas a la luz para cambiarlas y sanarlas. Si no nos permitimos esto y lo que hacemos en vez, es resistirnos, evitando, reaccionando, huyendo o evadiéndonos, ellas no desaparecerán. Lo que hacen es mostrarse cada vez más a menudo en forma de ansiedades, fobias y/o crisis de pánico.

Si tu temor es muy fuerte, déjalo ser, acéptalo y abrázalo, tal vez es la puerta a tu despertar. No huyas de el.

Los temores son alarmas de que estamos desalineados con nuestro verdadero ser y debemos de prestar atención para corregirlo-

Hay algo que es importante mencionar y es que el amor es la píldora milagrosa que sana el miedo. Todo pensamiento de temor tiene su antídoto. El temor es una ilusión basada en la separación y la muerte. Nada de esto es real. Somos inmortales, el cuerpo es nuestro vehículo en esta realidad, pero existen muchas otras realidades a las que podemos acceder, inclusive en esta misma vida cambiando nuestra vibración.

Soltar las creencias es cambiar nuestra frecuencia vibratoria sintonizándonos a una nueva realidad. El amor es el pasaje a las estrellas.

Puedes ayudarte a disolver tus creencias repitiendo para tus adentros, Gracias, Te amo, o con preguntarte, ¿Qué hay en mí que estoy escogiendo sentir esta sensación? O ¿Qué hay en mí que escogí creer en esto? Y luego déjalo ir.

Tú eres el maestro y tu mente es tu sirviente, no al revés.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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Como educar ¿a los hijos o a los padres?

Los hijos desde el momento que nacen representan para casi todos los padres, un cúmulo de esperanzas y expectativas. Muchos padres perciben a su descendencia como sus propias extensiones, principalmente en aquellas áreas donde aun no pudieron culminar sus objetivos personales, entonces depositan en ellos el peso de sus ambiciones más secretas. Otros los tienen como cómplices incondicionales y depositarios de quejas, dimes y diretes e historias personales y son educados dentro de un marco de evitación, donde la sobreprotección es la regla. Estos padres plagados de buenas intenciones cuartan su libertad de experimentar para evitar que sus hijos sufran experiencias similares a las que ellos padecieron, guiados principalmente por el miedo por encima del amor y la confianza. También están aquellos padres perfeccionistas donde para sus hijos se vuelve una tarea prácticamente imposible poder complacerlos y lograr su reconocimiento.

Estas actitudes de los padres generalmente son inconscientes, y están colmadas de buenas intenciones. No se percatan y no son ellos quienes toman las decisiones sino sus propios programas mentales que toman el mando, sus memorias familiares, ancestrales o experiencias traumáticas de sus pasados.

En realidad cuando hablamos de los hijos de quien verdaderamente hablamos es de los padres, no hay forma de desligarlos. Los padres son la causa y los hijos el efecto, visto de otra manera, yo soy la creadora del mundo que percibo incluyendo a mis hijos.

Invariablemente nuestros hijos son nuestra proyección, algunos padres más que otros logran mantener un apego relativamente saludable con ellos, otros debido a sus temores, experiencias pasadas y creencias, ejercen presión mas o menos fuerte para ajustarlos al modo de pensar del núcleo familiar.

Las causas que motivan a que padres eduquen a sus hijos bajo ciertos paradigmas son muy amplias pero las motivaciones básicas que los impulsan, están centradas en torno al amor o el temor.

Las relaciones basadas en el temor, cuando este es la parte predominante creará relaciones difíciles, numerosos conflictos, alejamientos, adicciones, etc pero estas situaciones se pueden revertir, siempre podemos regresar al amor y restablecer los lazos. En la medida que nosotros estemos bien, ellos estarán bien sin importar la distancia ni el tiempo transcurrido ya que estamos siempre interconectados.

Nuevamente tenemos que tomar responsabilidad de que todo aquello que vemos en nuestros hijos lo hemos creado nosotros. Cuando observamos conductas que nos preocupan o nos desagradan, donde tenemos que mirar es en nuestro interior. Aunque no parezca así, nosotros creamos nuestras experiencias. Podemos intentar corregirlos pero los resultados no serán los esperados a menos que nos revisemos y cambiemos nuestra percepción. Lo que vemos en nuestros hijos son solo nuestras proyecciones, y no los estamos viendo desde el corazón, como realmente son.

La sanación comienza desde adentro hacia afuera, comenzamos por nosotros y esta se extiende a nuestras creaciones.

Nuestros hijos son nuestros maestros, están aquí para enseñarnos que debemos rectificar en nosotros, y nos brindan siempre una oportunidad de emendar.

Si nos enfocamos en el amor lograremos grandes cambios, no en ellos sino en nosotros, y por lo tanto se producirán en ellos también. Lo que vemos afuera es el reflejo externo de nuestro interior, nuestras creencias las vemos reflejadas en el cuerpo físico de nuestros hijos, no los percibimos perfectos como fueron creados porque nuestros lentes están teñidos de memorias, de un cumulo de información que no nos sirve y por lo tanto nos llenamos de juicios que nos imposibilitan ver con claridad.

Cuando hablamos de los hijos, tenemos que describir a los padres.

A nuestros hijos tenemos que amarlos y agradecerles que estén en nuestra vida y solo de esta manera es cuando se producen los cambios milagrosos. Aceptar tan siquiera un poco que podemos estar equivocados y que no vemos las situaciones desde la perspectiva del corazón sino de la mente, puede restituir las relaciones y devolverlas a su estado natural de armonía y paz.

Es importante comprender que nuestros juicios siempre vienen de nuestras memorias, fueron aprendidos y es necesario aceptar la posibilidad que podemos estar equivocados porque no estamos mirando con los ojos del amor sino desde el miedo.

A nuestros hijos debemos aceptarlos tal como son y dejarlos libres de nuestras cargas, y nosotros debemos limpiar y limpiar nuestras memorias para ser inspirados en la mejor manera de guiarlos.

Cuando obtenemos claridad las relaciones se transforman y sucede lo que es perfecto y correcto para cada quien.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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El mundo que hemos creado

Cuando atravesamos momentos difíciles, siempre hay algo que podemos hacer al respecto. La vida está llena de subidas y bajadas, generalmente nos enfocamos en una cosa para luego prestar atención a otra, los acontecimientos se suceden unos a otros manifestados en forma de problemas, pareciera a veces que nos persiguen sin dejarnos en paz . En ocasiones no nos dan respiro hasta que decidimos hacer algo diferente.

Aunque no parezca así, los problemas son bendiciones, todos ellos son oportunidades de limpiar nuestras memorias. De hacer cambios. Ellos proceden de nuestra ignorancia, de no saber quien realmente somos. Por lo general nos identificamos tanto con lo que hacemos, con lo que pensamos ,con lo que decimos, y con lo que tenemos, que hemos perdido nuestra verdadera identidad. Nos sumergimos tanto en ellos que no vemos la salida. No tenemos ni idea de quiénes somos y generalmente ni siquiera nos lo cuestionamos. Tenemos la vaga ilusión de que si nos quitamos la ropa nos desnudamos, pero no, estar desnudos es también quitarnos las creencias, los juicios, los miedos, los prejuicios y ser quienes realmente somos. Tenemos que literalmente limpiar nuestro sistema operativo social y dejar que Dios actué para recordar y recobrar nuestra verdadera identidad.

¿Te imaginas como seria la vida sin temores?

Para ser quienes realmente somos necesitamos tomar consciencia que estamos equivocados cuando juzgamos, cuando opinamos, cuando nos preocupamos, cuando nos enfocamos en la escases o cuando creemos que sabemos más. Todo lo que hacemos, decimos o pensamos está totalmente basado en nuestras creencias. Si admitimos interiormente que no sabemos nada, es cuando se vuelve posible que nos llegue la información que necesitamos.

Es natural que tengamos problemas, porque al no saber quiénes somos, tampoco entendemos lo que nos ocurre. Y toda nuestra confusión la proyectamos en el mundo que vemos mostrándonos a su vez un mundo confuso. Todo lo que reflejamos en nuestra vida viene de las creencias que no nos pueden traer paz, porque estas están erradas. Es muy cierto aquel dicho que dice “Dime como vives y te diré que piensas”.

Los problemas van y vienen, y cuando momentáneamente desaparecen tenemos la ilusión que los hemos resuelto y nos olvidamos aliviados hasta que aparece el siguiente, pero en realidad todos ellos se reducen a uno solo y es que ignoramos nuestra verdadera esencia, y por lo tanto vivimos en un mundo con temor, protegiéndonos, quejándonos, reaccionando, culpando.

Las situaciones se presentan una y otra vez como oportunidades, aunque nos hagan sufrir, esa es la manera que la vida nos avisa que prestemos atención, que hay algo que tenemos que corregir. Se trata de un error de percepción, cuando comenzamos a re-descubrir quienes somos, los problemas comienzan a disminuir, y en la medida que dejamos de creer en ellos, dejamos de reaccionar ante las situaciones, ellos tienden a desaparecer. Siempre es así, lo que te sucede viene de tus memorias, de tus creencias, nada sucede al azar, aunque no estés consciente de ello.

Nos resulta bastante difícil escapar a nuestra programación pero existen maneras de acercarnos a un despertar, comenzamos por darnos cuenta que estamos siempre en automático, como un caballo de carrera desbocado y podemos decidir observarnos, el entrenamiento en esto nos vuelve más conscientes. También podemos meditar para despejarnos y aplacarnos, intentamos no reaccionar, y al practicar el Ho’oponopono repitiendo las palabras claves en forma de mantra, nos salimos del proceso de identificación con las situaciones que nosotros mismos hemos creado y así dejamos de alimentar esta interminable secuencia de eventos que nos mantienen dormidos y robotizados.

Tenemos el poder de decidir, y a veces no lo hacemos porque no creemos que podemos cambiar las circunstancias, pero todo cambia cuando decidimos vivir en paz. Cuando decidimos estar en paz y logramos aquietar nuestra mente, sin buscar modificar nuestro entorno, el mundo que vemos también se transforma. El universo siempre responde a nuestros pedidos.Vivir en paz es una opción posible.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

De regreso a casa

Una amiga me pidió que escribiera sobre la muerte, y yo me resistí durante varios días, es un tema difícil para mí y donde juntos compartimos muchas memorias. Al fin hoy comenzó a fluir. Sentí que lo debo hacer porque es una necesidad ver la muerte de otra manera, sin  miedo.

Todos tenemos algún familiar y personas allegadas que se han ido y nos hemos quedado paralizados y entristecidos por la perdida.

La muerte, además de el vacio que nos ocasiona, la asociamos con el dolor físico de la persona que nos deja y con el dolor emocional de quienes nos quedamos. Tenemos muy arraigadas las memorias de dolor y sufrimiento  y nos puede  ayudar comprender que la muerte no es un final y siempre es una liberación.

Tenemos la impresión de que todos estamos separados y la muerte física nos hace creer en esta ilusión.

Mi propósito al escribir sobre este tema es ayudarnos a cambiar nuestras creencias y sustituirlas por nuestro entendimiento de lo que es una transición, una transformación, y quizás una evolución en algo superior.

Todos hemos oído hablar y muchos de nosotros tenemos algunas experiencias acerca del espiritismo, de las regresiones, de la comunicación con seres de  otros planos, de memorias de vidas anteriores, y canalizaciones, y yo he presenciado algunas de estas experiencias y no me cabe ninguna duda que estas son reales. Todos podemos experimentar cierto tipo de contacto si nos preparamos y logramos modificar nuestras frecuencias para acceder a otros planos de consciencia.

Entonces la muerte como tal no existe, solo es una transformación del estado físico al etéreo. El yo esencial se libera, y la muerte, es el nacimiento de una nueva aventura. Un nuevo cambio.

Tenemos  ilusiones enormes que nos confunden. Creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y este se acaba con la muerte, el alma sigue su camino de transformación. Nunca es un final, es un nuevo comienzo.

Hemos aprendido que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. La vida es una aventura, pero lo que hay después de la vida también lo es.

El apego es natural y cuando un ser querido se va, nos deja un gran vacío, y ese sentimiento lo proyectamos en el ser que se fue, lo imaginamos sufriendo antes y después, mas no es así, ese ser ahora está absolutamente libre para su siguiente aventura.

En las creencias que conservamos  por lo general La muerte no es el enemigo, nuestro enemigo  es el miedo a la muerte.

Tenemos que cambiar y enseñar a las personas que están cerca de la muerte a perder el miedo, y a recibir lo que vendrá con alegría, esa es una hermosa tarea que rara vez emprendemos. El miedo a la muerte entonces desaparecerá. El estado de ánimo será tal que le dará la bienvenida  ¿Qué va a suceder?  Será capaz de dejar que suceda y no habrá preocupaciones.

Recuerda el amor es dejar libre al otro, intenta soltar el apego, por difícil que parezca y nunca olvides,  la separación es solo una ilusión. Tómalo como un viaje de aventuras a tierras lejanas con la certeza  que la persona que se marcha, se va en paz.

Desde el momento en que nacemos comenzamos a morir lentamente. ¿Alguna vez te has preguntado quien  o que eras antes de nacer?  La muerte solo es el regreso a casa. Entonces ¿porque no vivir la vida como un corto viaje de aventuras en vez de tomarlo tan en serio? ¿A quién no le has dado amor y de quien no te has despedido? Agradece a quienes te han acompañado, y a aquellos que aunque no te hayan agradado, te han ayudado a descubrir acerca de ti.

Todos estamos unidos y entrelazados aunque no lo podamos percibir y tan solo estamos experimentando distintas facetas del ser, somos parte de la totalidad, somos la fuente experimentándose a sí misma.

Pierde el miedo y entrégate al amor, es el único camino a la paz, es la única manera para que tu aventura mientras dure, te traiga felicidad. Siempre regresaremos a casa.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

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